Ya no veo…

La verbena de verano nos pone sobre la mesa una gran variedad de frutas, que al gusto de cada comensal, se disfrutan de manera original, como transformadas en aguas, dulces, pasteles, nieves, natillas, paletas, yoghurt y tantos y tantos otros.

La compra en puño o en kilo, no garantiza que todas las frutas sean de buen sabor y mucho menos, que tengan buen aspecto, a lo que pretendemos es que la mayoría nos resulten de un sabor y aspecto satisfactorio. ¡ así ganamos !

Igual que las frutas  nos resultan los servicios médicos, ya que nadie espera que todos los médicos sean excelentes, pero si que ofrezcan un buen servicio y un tratamiento respaldado con conocimientos.

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Al respecto nos vamos a referir a un caso es lo particular, y a pesar de que los aciertos son más que los errores, lo cierto es que muchos de los errores médicos no los conocemos, no son susceptibles de consultarse, se ocultan y los expedientes son cuidados de una manera cautelosa, en casi total secrecía.  Tal es el caso de PANCHITA ( un nombre ficticio) que por desgracia de las circunstancias, sigue con problemas médicos y administrativos, pues la negligencia Médica sufrida, no ha sido reparada, ni económica, ni medicamente.

La tragedia comienza en un aciago día, en que por circunstancias del destino, sufre un golpe en uno de su ojos  – el derecho -, ¿pero cuál es el derecho? pues el derecho es que el está al lado derecho de ella, y que viéndola de frente, resulta ser el izquierdo. ¡maldito golpe ! que sin miramiento alguno, dió de tajo en el ojo derecho, el bueno, el mirón, el del chisme, el que todo lo sigue y todo lo busca, el que todo lo ve.   Un golpe que no solo le movió la cabeza, sino que también le movió la retina.

¡ aH Caray ! un buen porrazo dirían unos, y además bien dado, hasta la retina se  movió o se desprendió como dicen los médicos.

Ni tarda ni perezosa, doña  PANCHITA se fué de urgencias a un hospital que tiene como logotipo ” una águila verde “, ahí la prestancia y la buena atención, predominó en la atención médica, -nada de que quejarse -, bien atendida, recetada, valorada…….todo parecía marchar sobre “hojuelas de maíz”.

Instrumentalmente los médicos recomendaron aplicar el  rayo lasser, en el famoso “OJO DERECHO”,  ¡ grandioso! el gran hipocrates tenía el matraz y el tubo de ensayo de cabeza, había mucho que esperar, ya no había que pedirle  a SAN MONICATO NI mucho menos a SAN BEATO, para esperar buenos resultados.

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De repente, los galenos – con batas blancas y estetoscopios de hule – ordenaron que el tratamiento se llevará a cabo en las instalaciones de Guadalajara, por eso de que el equipo médico de casa,  no daba para tanto.

 Las idas y venidas a la perla tapatía, fueron en el mejor de los casos, formidables, con expectativas de que la retina se adhiriera al ojo y la vista volviera a la normalidad del “OJO DERECHO”, y en tanto se daban unos y otros, surge una nueva noticia,  “la clínica de casa ya contaba con rayos lasser “, así que daba por terminadas las salidas a otros estados.

¡ Un gran avance ! un logro diríamos,  pero para Doña Panchita, paso alrevés, los galenos de casa, ordenaron que el lasser se aplicara en LOS DOS OJOS,  ¿pero como? si con el ojo izquierdo veía bien. Pues si, la sapiencia de uno o de varios, determinó lo que para mucho perece incoherente, el lasser aplicado al ojo bueno, al izquierdo, al bueno, al que nada tenía que ver en el asunto. Es más en una ocasión doña PANCHITA viajó sola a Guadalajara, utilizando el ojo izquierdo, fué y vino a su tratamiento sin problema alguno.  Sin embargo, así pasó, el “conocimiento” de los doctos se impuso a la razón y se llevó a cabo el tratamiento en los dos ojos.

A la fecha, DOÑA PANCHITA está al borde de la ceguera, no ve nada, percibe la luz, añora los colores y la imágenes, y la depresión la invade de vez en cuando. El instituto le ofrece gotitas, de esas que no hacen nada, pero que si lubrican y no pasa nada.

El hospital no ofrece mejor tratamiento, ni un lente, ni operación posible , no indemniza, no reconoce le negligencia y mucho menos le dice a la paciente que le espera a futuro. ¡ cada vez ve menos !

Esa fruta, escondida entre las otras frutas, que sin conocimiento, consulta o asesoría, dió al traste con la vida de una mujer en edad productiva, que hoy depende de sus hijos y de su esposo para moverse.

La solución no es quitar la licencia, pero si amonestar, establecer la supervisión médica efectiva y sobre todo dar seguimiento a los protocolos de atención a los pacientes y sus enfermedades. MIENTRAS TANTO LA MONEDA ESTÁ EN EL AIRE.7db82-rayolaser-tiff

 

 

 

 

 

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