pisan la rayita

El sueño americano es a la fecha el plan B  de muchos MEXICANOS, los más buscan el paso por la frontera a la buena de dios, sin papeles, en pequeños grupos, pagando sumas considerables a muchos PATANES que los conducen a veces a buen destino y otras dejados a medio del desierto.

Llegar a tierras gringas es llegar al paraíso, si es que en la tierra pudiera existir un paraíso, es la fantasía del lugar en donde resplandece el brillo del  dinero y en donde las carencias se convierten en historia y la abundancia del buen vivir, comer y disfrutar, comienzan  a darle un color diferente a ésta vida berraca.

Los que menos tenemos y que además carecemos de papeles, cruzamos la línea por el desierto, escondidos entre los carros, o en la noche al corre y corre. Los menos, los más afortunados lo hacen en carro particular con familiares, en avión, en barco y al estilo turista, por temporadas cortas y con la seguridad de que a su llegada, un trabajo de medio nivel, brindará los recursos suficientes para pagar por la morada a conseguir el alimento diario.

De éste último grupo es de donde sacamos la siguiente historia, plagada de realismo y sucedida al gran LUCIANO, que después de su ODISEA no le han quedado ganas de volver al país de las burguer, pizzas  y de las rosquillas con café.

Luciano no es cualquier tipejo, no no no, es un tipo que se parte la espalda de día a día, haciendo lo que le gusta hacer, vender  tortillas de maíz. Es un tipo que desde la seis de la mañana, llueve, truene o relampaguee está arriba de la moto y con la mayor disponibilidad para salir a entregar los paquetes de tortillas calientitas, directamente a las amas de casa y a los changarros de su colonia.  Pero por cosas de la vida, el gran LUCIANO, no ha salido adelante, y a pesar de que las horas de trabajo no pueden hacerse más, el gran “negrero” busca sin afan encontrar otra fuente de ingreso, para ampliar los productos de venta.

El caso es, que después de mucho batallar y darse cuenta de que lo ganado, no se relaciona ni en poco, con las horas de trabajo que le dedica, decidió un día, probar  fortuna por los UNITES, ese maravilloso paraíso del que muchos le han hablado, tanto bien como mal. En su mente revuelan, las anécdotas de muchos viejos que se fueron en los años sesentas y que después de hacer ahorros, regresaron  y hoy PULULAN por tierras sonorenses, con dinerito en el banco, con tierritas y chngarritos. ¡ AHHHH! suspira el laborioso LUCIANO, imaginandose él mismo en dicha posición, proyectando que el mismo trabajo que hace aquí podría  retribuirle dólaritos de menor denominación y aprecio.

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